Nadie me enseñó

No me enseñaron a correr en un callejón sin salida,
así que perdí el juicio ante un jurado de cuerdos,
acusada de saltar sin red a tu cuerpo.
No me enseñaron a ser libre y encadené mis huesos
a la línea que marcan los que dictan mis deseos.

No me enseñaron a gritar con el corazón abierto,
así que gane el juicio de amar a cubierto,
acusada de agarrarme sin dogma a tu pecho.
No me enseñaron a ser libre y encadené mis silencios
al destino que marcan los que dictan mis desvelos.

Y grito con mis manos lo que des-aprendí gritar.
No me juzgues, no me compadezcas, hágase mi voluntad.
Nadie me enseñó a saltar sin red.
Nadie me enseñó a caer de pie.
No quiero sentir que me llevas la vida,
no quiero cruzar tu callejón sin salida,
no quiero callar lo que gritan mis ojos,
no quiero vivir moldeada a tu antojo.

No quiero un bazar de muñecos de trapo,
prefiero el delirio y el azar a comprarte
mi parte de paz que yo misma me gano.
No quiero a tus dioses que callan rezando
ni a tus supermanes de capa caída,
no quiero vivir planeando una huida.
No quiero ser perro guardián que no ladre,
guardarme los besos que cuelgan del labio.
No quiero esconderme detrás de mis manos,
no creo en tus jueces con caras de santo,
no quiero contar ni expiar mis pecados,
prefiero perderme en lo que ando buscando,
buscarte en tus ojos que hablan callando,
encontrarte en el ritmo que forjan mis pasos.
No quiero curar tu corona de espinas,
no quiero escupir ni tragar mi saliva,
no quiero esconder mi cabeza en tu vientre,
no quiero llorar cuando pase la muerte.

Letra y música: Laura Trinidad y Diego Salas

Canción incluida en el disco ‘Universos de papel’ (2007)

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