Difícilmente se puede cantar más bonito.

“Trae buenas intenciones
pero pronto se quedan en nada.
Será que se le olvidaron,
tendrá endeble la memoria
o nunca fueron verdad.

Yo me llevo lo que pueda
que nadie se ponga enfrente.
No conozco ni a mi padre,
eso dice alguna gente.

Palabras vanas de baratillo
las dijeron sus labios
cuando buscó cobijo.

El poco saber que tengo
de nadie lo recibí.
Cavilando honradamente
lo encontré y no lo perdí
como el que guarda su suerte.

Era una tarde de la veladita de Santa Ana,
me publicaste,
compañerita tú me publicaste,
cómo has tenido el valor de dejarme”.