Diego Salas en el congreso IEEE-NSS-MIC 2008 celebrado en Dresden, Alemania.

Todos realizamos diariamente multitud de tareas que no serían posible sin el desarrollo de la tecnología. La tecnología nos permite despertarnos con el sonido de un despertador, asearnos con agua corriente o tener luz eléctrica en casa. Todas estas actividades y muchísimas, por otra parte normales en la mayoría de los hogares españoles, son posibles gracias a la labor de miles de científicos e investigadores que a lo largo de los siglos han aportado su granito de arena para comprender un poquito mejor la naturaleza.

Formar parte de esta cadena de personas (los científicos) que dura ya miles de años (desde la invención de la rueda por poner un ejemplo) que edifican, a partir del conocimiento científico de cada época y mediante un esfuerzo intelectual considerable, nuevas teorías que ayudan a explicar los fenómenos que nos rodean fue mi principal motivación para comenzar la carrera de investigación en el Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Granada.

La incertidumbre que siempre conlleva dedicarse a la investigación en un país caracterizado por la ‘fuga de cerebros’ como es España, hace de la investigación una profesión muy vocacional y muchas veces muy competitiva por el número escaso de becas y oportunidades. Sin embargo, el descubrimiento de nuevas teorías después de meses o años de trabajos de investigación, el saber que estamos contribuyendo al desarrollo de la ciencia del mismo modo que otros científicos lo han estado haciendo durante siglos produce una sensación indescriptible que sin duda es el motor de todos los que elegimos, por vocación, la carrera de investigación.

Diego Salas, 21 de junio de 2005, Periódico Ideal.