
Un segundo después de que nos hiciéramos esta foto se apagaron las luces que alumbraban el nacimiento del río Molinos. Festejábamos con un paseíto de madrugada el buen rato pasado en la Torre del Almirante compartiendo nuestras canciones y versiones con la gente de Istán. Tuvimos que volver a oscuras del paseo…
“Un rayito de luz que nos haga amanecer, los ojos abiertos, por si las dudas…”.
Gracias al ayuntamiento de Istán, por su atención, y a Martín por contar con nosotros.

El sábado 9 de agosto volveremos a Villanueva del Trabuco para cantar en el patio central del “Molino Jabonero“, antiguo molino de harina y almazara. El acto comenzará a las 21horas con una cena romántica amenizada por nuestras canciones y versiones, seguida de una actuación de pop-rock de los años 60 y 70 a cargo de “Hados negros”.
Molino Jabonero está situado a 4 km del núcleo urbano de Villanueva del Trabuco, un pueblo de la comarca nororiental de Málaga, junto al nacimiento del río Guadalhorce, a tan sólo media hora de Málaga.
Para información y reservas, pueden contactar con el “Molino Jabonero” en los números 952751275 y 652232269.

Hemos estado en Villanueva del Trabuco del 31 de julio al 3 de agosto. No pasamos a la final del certamen, pero hemos pasado cuatro días de convivencia con los demás cantautores seleccionados muy muy intensos. La pandilla estaba formada por los canarios Víctor Lemes y Luis Quintana, la malagueña Gema Cuéllar, la zaragozana María José Hernández con el guitarrista Carlos López y el argentino David de Gregorio.
Nos alojaron en una casa rural llamada ”El molino jabonero” con piscina. Nos lo pasamos como niños. Todos coincidimos en que ha sido el certamen más divertido en el que hemos participado. Nos reímos de todo, incluso de nosotros mismos; así, aparecieron apodos como Sacrilegio, Luis el Jilguero, Víctor Lémur o David de Jolgorio y frases míticas como “Para Pekín”, “Ahí va el Quijote” o “¿Qué hay de lo mío?”. Creamos leyendas urbanas, como “la niña de la curva”, y nuevas normas en el voley, como “el patasilla”. Recibimos la grata visita de un tal Fernando Adobo (léase Fernando Lobo). Hicimos una jam con solos de armónica, flauta y guitarra. Contamos chistes bajo un cielo repleto de estrellas.
Fue tan divertido y entrañable que cuando nos despedimos tuve que contener una lagrimilla.
Chicos, esperamos reencontrarnos con vosotros pronto. Hacía tiempo que no nos reíamos tanto.
Gracias a los organizadores, a Antonio y Natalia, a Josema, a Manolo, a la venta del Molino, donde volveremos este sábado para amenizar una cena romántica.
Y con esto “ya me fui”. Y “¡¡que siga sonando el tambor!!”

El 25 de julio pasado se unieron en un mismo acto mi familia, mi trabajo en la universidad de Granada y mi estancia en Italia. Fue sin duda uno de los días más emocionantes y bonitos de mi vida. Cuatro años de trabajo resumidos en 1 hora de defensa pública y 234 páginas de Tesis Doctoral.