No hay duda. La canción está viva. Antes incluso de ser escrita, madura y se forma en algún lugar del insconciente. Muchas veces toma forma casi de manera autónoma y el compositor es un espectador que se asombra de la evolución de la canción.

Pero la canción tiene más vidas, algunas inesperadas y todas frutos del azar. Hay quien recoge una canción y la hace suya y la escucha y le cambia el significado y descubre matices que el escritor no había imaginado.

A veces, incluso sirve para lo inesperado, como la búsqueda de un árbol centenario o acompañar la tensa calma antes de una batalla.

Gracias Juanmi.